Setos para el Control Biológico (5): El acolchado

Cómo conseguir que nuestro seto solo se riegue con las lluvias y que no nos crezcan plantas indeseadas en su interior

Aparte de su función principal, que se convierta en un reservorio de fauna auxiliar que nos ayude a potenciar el Control Biológico en nuestros cultivos, nuestro seto ecológico también debe de caracterizarse por:

  • tener el mínimo mantenimiento posible en el tiempo,
  • consumir la menor cantidad posible de agua de riego durante los dos primeros años y que a partir de ese segundo año solo se riegue con el agua de lluvia,
  • y que no crezcan en su interior plantas que sean reservorios de virus o que atraigan plagas agrícolas.

Y para conseguir las tres consideraciones anteriores debemos de incluir en el diseño de nuestro seto los siguientes elementos:

  • un acolchado (o mulching),
  • plantas reservorio autóctonas,
  • y un sistema de riego por goteo.

Acolchado

El acolchado es uno de los siete principios de la Xerojardinería, una técnica de jardinería especialmente diseñada para climas áridos consistente en colocar sobre la tierra una capa de diferentes materiales que permiten retener en el suelo el agua de lluvia, ya que dificultan su evaporación, siendo su cometido principal conseguir que finalmente las plantas puedan crecer sin necesidad de tener que aportarles agua de riego, a la vez de evitar el crecimiento de plantas no deseadas.

Hay varios tipos de acolchados, nosotros aconsejamos utilizar una capa de grava de color blanco de unos 10 cm de espesor, teniendo cada grava unos diámetros en torno a 3 cm.

Con el color blanco se consigue desviar los rayos solares, un hecho de gran importancia sobre todo en el verano, consiguiéndose así que el suelo no se recaliente y, por tanto, que no se nos evapore mucha agua.

Con respecto al espesor, 10 cm, está pensado para climas en donde el régimen de lluvias está en torno a 300 mm de lluvia al año (300 litros/m2/año), como es el caso de nuestro clima mediterráneo, facilitando ese espesor de acolchado que en nuestros setos puedan crecer especies vegetales que incluso necesiten más cantidades de lluvias anuales (hasta 400-600 mm/año) sin que tengamos que regarlas a partir del segundo año.

Asimismo, ese espesor va a dificultar enormemente que las semillas de otras especies vegetales “que no han sido invitadas” a nuestro seto (como las mal llamadas malas hierbas, así como las que son reservorios de virus o las que atraen a las plagas agrícolas) consigan germinar en su interior, contribuyendo también de esta manera a reducir su mantenimiento al minimizar el escardado.

Plantas reservorio autóctonas

Si a la vez que colocamos en nuestro seto un acolchado de 10 cm plantamos en su interior plantas reservorio autóctonas, o sea, aquellas que están totalmente adaptadas al clima local, podemos conseguir que a partir del segundo año ya no tengamos que regar más nuestro seto con el riego por goteo…, quizás algún riego esporádico durante la época estival.

Riego por goteo

Y como podemos deducir con la lectura anterior, el riego por goteo solo será necesario utilizarlo en los dos primeros años, que es el tiempo que se estima que las plantas reservorio estarán totalmente enraizadas. Como orientación de riego para esos dos primeros años, en las épocas más desfavorables (de mayo a septiembre) regaremos cada 15 (20) días aportando unos 5 (10) litros de agua/m2, mientras que en los meses más favorables regaremos cada 30 días aportando esas mismas cantidades de agua.

No obstante, esta infraestructura siempre debe de estar presente, ya que estamos comprobando que los veranos en estas latitudes están siendo cada vez más extremos y quizás tengamos que utilizarlo más de una vez durante esa época del año, aunque hayan pasado más de dos años, además de utilizarlo para aportar humus de lombriz de tierra líquido (ver capítulo 4).

Lee aquí la presentación de nuestra Guía para la implantación de plantas reservorio en las
explotaciones agrícolas.

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Setos para el Control Biológico (4). La importancia de la materia orgánica en el suelo

La materia orgánica como el humus o el estiércol es un elemento imprescindible en el suelo, ya que aporta múltiples beneficios para las plantas, destacando sobre todo los siguientes:

  • mejora extraordinariamente la textura del suelo, especialmente si son muy arenosos o muy arcillosos (ver Capítulo 2), ya que en el caso de suelos arenosos contribuye a la formación de agregados (los terrones), además de facilitar la retención del agua, mientras que en el caso de suelos arcillosos hace que las partículas se separen entre sí, lo que dará lugar a la aparición de un suelo más “esponjoso” que permitirá que el agua y el aire circulen mejor a través de los poros de la tierra,
  • aporta compuestos hormonales que inducen al crecimiento de las raíces y, por consiguiente, a un mejor desarrollo de la planta,
  • aumenta la fertilidad del suelo, ya que a medida que se descompone esa materia orgánica libera nutrientes (como nitrógeno, fósforo o azufre entre otros) que pueden ser absorbidas directamente por las plantas,
  • contribuye a regular el pH del suelo manteniéndolo en sus óptimos para las plantas (6,5-7,0),
  • aumenta la actividad biológica del suelo al proporcionar alimento a microorganismos (bacterias y hongos micorrízicos) beneficiosos para las plantas, incluido las lombrices terrestres (ver Capítulo 3),
  • y hacen posible la formación del complejo arcillo-húmico, convirtiéndose dicho complejo en una importante fuente de suministro de elementos minerales para las plantas.

 Con respecto al complejo arcillo-húmico, desde el punto de vista físico-químico no debería de formarse ese complejo, ya que tanto la arcilla como el humus tienen cargas negativas, por lo que al repelerse entre sí deberían de estar separadas dentro de la humedad de suelo, pero sin embargo están unidas…, ¿por qué?

Pues la explicación a esa unión anómala se debe a que tanto la arcilla como el humus atraen cada uno por su cuenta a los cationes (elementos con carga positiva) que están presentes en el agua del suelo como el calcio (Ca+), el hierro (Fe+), el magnesio (Mg+) o el potasio (k+), atrayendo a su vez los cationes que están sobre la arcilla al humus (recordemos, tiene carga negativa) que se encuentra en sus inmediaciones y viceversa, originándose finalmente una masa de consistencia gelatinosa al tacto de la mano que se denomina complejo arcillo-húmico (figura inferior).

Por consiguiente, ese complejo arcillo-húmico se convierte en una de las mayores reservas de nutrientes para las plantas, ya que atrae y retiene sobre su superficie cationes que son fundamentales para el desarrollo de las plantas.

¿Y cómo consiguen las plantas absorber esos cationes del complejo arcillo-húmico?

Gracias a la fotosíntesis las plantas producen cationes como el H+ que son liberados al suelo a través de sus raíces, permitiendo de esta manera que se produzca un intercambio de cationes entre la planta y el complejo arcillo-húmico, ya que los cationes de H+ liberados por la planta se dirigen al complejo arcillo-húmico, facilitando de esta manera que un catión (por ejemplo, un Ca+) se desprenda del complejo arcillo-húmico y se dirija a las raíces, tal como se puede observar en la siguiente figura, siendo a continuación ese Ca+ absorbido por la planta.

¿Y qué ocurriría si nuestro suelo tuviese poca o nula cantidad de materia orgánica? Pues que no se formaría tan fácilmente ese complejo arcillo-húmico, por lo que muchos cationes no quedarían retenidos sobre su superficie y serían arrastrados por el agua de riego o las lluvias hacia zonas más profundas del suelo, en donde muchos de esos elementos minerales ya serían inaccesibles para las raíces, por lo que tendríamos unos suelos pobres en nutrientes para las plantas.

¿Y qué porcentajes de materia orgánica serían los óptimos para un suelo?

Para conseguir unos adecuados complejos arcillo-húmicos en los suelos de nuestros setos (¡¡y también para nuestros suelos agrícolas!!), es conveniente tener unos porcentajes en torno al 5% de materia orgánica en sus primeros 20 centímetros de profundidad (equivalente a la profundidad de mezcla a la cual llegaría un rotovator), no debiendo nunca de ser inferior al 2,5%.

A continuación, exponemos un ejemplo práctico de cálculo de materia orgánica que se debería de introducir por primera vez en el suelo de un seto que rodee una hectárea de cultivo: 

  • una hectárea tiene un perímetro de 400 metros de longitud (100 x 100 metros),
  • si consideramos un seto que rodee la totalidad de ese perímetro y que tenga a su vez un metro de anchura (lo ideal sería unos 5 metros de anchura), tendremos una superficie de suelo de 400 m2 (400 m x 1 m),
  • la profundidad de mezcla de la materia orgánica será de 20 cm, por lo que tendremos un volumen de suelo de 80 m3 (400 m2 x 0,2 m),
  • lo que significa que deberemos de aportar un volumen de materia orgánica de 4 m3 (80 m3 x 5%).

¿Y cómo podemos resolver el problema de tener que aportar otra vez materia orgánica cuando el nivel de materia orgánica esté por debajo del 2,5% y a su vez las plantas del seto nos impiden el acceso con el rotovator? Pues aquí nuestras queridas lombrices terrestres (ver Capítulo 3) tienen la solución, ya que en el mercado disponemos de humus de lombriz líquido que puede añadirse a los setos e islas de vegetación tanto de forma manual como vía riego por goteo.

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explotaciones agrícolas.

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Setos para el control biológico (3): El suelo, un organismo vivo

Cuando decimos que el suelo es un ser vivo nos referimos a que contiene en su interior una ingente multitud de organismos vivos que influyen de forma directa (tanto positiva como negativamente) en el desarrollo de las plantas, debiendo ser nuestra habilidad como agricultores conseguir que la mayoría de esos organismos vivos sean precisamente aquellos que favorezcan el óptimo crecimiento de nuestras plantas, destacando en ese conjunto de seres vivos los hongos micorrízicos, las rizobacterias y las lombrices de tierra.

 a) Hongos micorrízicos

Los hongos pueden ser saprófitos (los que descomponen la materia orgánica), patógenos, (por tanto, los causantes de diversas enfermedades a las plantas) y simbióticos, estableciendo en este caso unas relaciones de simbiosis con las plantas en donde ambos organismos salen beneficiados.

Dentro de los hongos simbióticos tenemos los hongos micorrízicos (Filo Glomeromicota) cuyas hifas (unos finos filamentos de color blanquecino) o bien rodean a las raíces de las plantas (ectomicorrizas) o bien se introducen dentro de las células de esas raíces (endomicorrizas), formando en ambos casos ese conjunto de hifas y raíces una estructura denominada micorriza (de ahí su nombre, “mico = hongo” y “rriza = raíz”).

Gracias a la formación de esta micorriza la planta puede transferir al hongo productos resultantes de su fotosíntesis, como pueden ser hidratos de carbono (azúcares), aminoácidos, ácidos grasos, vitaminas u hormonas que transportan a través del floema (tejido conductor por el cual circula la savia elaborada), mientras que los hongos proporcionan al vegetal múltiples beneficios, entre los que destacamos los siguientes:

  • al ser el diámetro de las hifas mucho más pequeño que el de las raíces pueden introducirse por poros (o huecos) del suelo por los cuales no pueden pasar las raíces, lo que implica que los hongos podrán acceder a unos recursos hídricos y elementos (sales) minerales que son inaccesibles para las plantas, aunque gracias a esta simbiosis las plantas sí podrán finalmente absorber esos recursos vía hongo, comportándose por tanto las hifas de los hongos como si fuesen una prolongación de las raíces del vegetal,
  • por otro lado, y dado que la longitud de las hifas de los hongos es muchísimo mayor que la longitud de las raíces, las plantas pueden absorber agua y sales minerales de zonas del suelo a las cuales nunca llegan sus raíces,
  • y puesto que las plantas van a disponer, gracias a la presencia de esos hongos micorrízicos, de una mayor disposición de agua y nutrientes, dichas plantas van a tener una mayor tasa de fotosíntesis, lo que conllevará que presenten un mayor desarrollo vegetativo y de producción de flores…, y ya sabemos que la presencia de flores es muy importante para nuestra estrategia de plantas reservorio,
  • además, por competencia interespecífica los hongos micorrízicos dificultan que los hongos patógenos lleguen hasta las raíces, consiguiendo de esta manera que el porcentaje de patologías micóticas sea mucho menor,
  • y, finalmente, les proporcionan a las plantas compuestos hormonales que son fundamentales para su desarrollo.

Los beneficios que aportan las micorrizas pueden observarse visualmente en muy poco tiempo. En la fotografía inferior vemos que en tan solo 45 días la planta de la izquierda con micorrizas presenta un desarrollo mucho mayor que la planta de la derecha sin micorrizas.

Por consiguiente, y ante los indudables beneficios que aportan, recomendamos inocular hongos micorrízicos en el sustrato de las plantas reservorio antes de su plantación, ¡¡siendo esta recomendación igualmente válida para nuestros cultivos agrícolas, ya que los beneficios son los mismos!!

b) Rizobacterias

Las rizobacterias son un conjunto de especies (o cepas) bacterianas que se han adaptado a vivir en un ecosistema denominado rizosfera, o sea, esa parte del suelo que se extiende de 1 a 3 milímetros desde la superficie de las raíces hacia el suelo adyacente, estableciendo algunas de esas especies relaciones de simbiosis con el mundo vegetal con sus correspondientes aportaciones de beneficios, entre los que destacamos los siguientes:

  • además de que secretan sustancias antimicrobianas, su abundancia en torno a las raíces dificulta que las rizobacterias patógenas puedan acceder físicamente a las raíces, contribuyendo así a reducir la incidencia de enfermedades bacterianas a nivel de las raíces,
  • sintetizan compuestos bioquímicos que, tras su absorción, favorecen el crecimiento de las plantas, como por ejemplo fitohormonas (que promueven el enraizamiento), gibelinas, citocininas….,
  • contribuyen a una mejor absorción de las sales minerales por parte de las plantas,
  • además de que algunas cepas bacterianas están especializadas en la fijación del nitrógeno atmosférico a nivel de las raíces, lo que contribuye a reducir el uso de abonos nitrogenados.

¿Y qué ganan las rizobacterias con esta simbiosis? Pues al igual que los hongos micorrízicos, absorberán una serie de sustancias fundamentales para ellos (hidratos de carbono, proteínas, grasas, etc.) procedentes de la fotosíntesis de la planta.

Dado los múltiples beneficios que aportan las rizobacterias, también recomendamos en este caso inocular rizobacterias en el sustrato de las plantas reservorio antes de su plantación, ¡¡siendo esta recomendación igualmente válida para nuestros cultivos agrícolas, ya que los beneficios son los mismos!!

c) Lombrices de tierra

Charles Darwin, el naturalista inglés que en el siglo XIX estableció las bases de la evolución de los seres vivos con su libro “Sobre la evolución de los seres vivos por selección natural”, afirmó sobre las lombrices de tierra (Lumbricus terrestris) que «es dudoso que existan otros animales que hayan jugado un papel más importante en la historia del mundo que estas criaturas de organización tan simple».

Efectivamente, observar que tenemos lombrices de tierra en el suelo de nuestros setos e islas de vegetación (e igualmente, en el suelo de los cultivos agrícolas) es el mejor indicador de que tenemos unos suelos saludables, ya que las lombrices:

  • están constantemente construyendo galerías (eso sí, sin afectar a las raíces, ya que solo se alimentan de materia orgánica muerta y las raíces es materia orgánica viva), lo que contribuye a que haya una buena porosidad en el suelo, y si hay porosidad significa que hay aire en su interior, un aire que es fundamental para las plantas, ya que a veces se olvida que las plantas también respiran a través de sus raíces (por eso cuando los suelos se encharcan y el aire de los poros es reemplazado por el agua las plantas se asfixian y mueren),
  • asimismo, esas galerías tienen el diámetro óptimo para que las raíces se extiendan por su interior, lo que contribuye a aumentar la extensión (o biomasa) de las raíces, lo que implicará mayores absorciones de agua y nutrientes,
  • al alimentarse de materia orgánica muerta transforman su amoniaco y nitritos (que no pueden ser absorbidos por las plantas) en nitratos que son expulsados a través de sus deyecciones, un nutriente que ya sí puede ser asimilado directamente por las plantas,
  • asimismo, sus deyecciones son una fuente de alimentación para nuestros hongos micorrízicos y rizobacterias beneficiosas.

Conclusión: desde hace millones de años ciertos organismos que se encuentran en el suelo están estableciendo relaciones de simbiosis con las plantas, por lo que seguir permitiendo, o favoreciendo, que esas relaciones de simbiosis continúen presentes en nuestros suelos agrícolas favorecerá que se pueda conseguir altas producciones de flores en nuestras plantas reservorio… o de cosechas en el caso de cultivos agrícolas.

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Setos para el control biológico (2): La textura del suelo

Antes de empezar a instalar los setos e islas de vegetación alrededor de nuestros cultivos debemos de analizar si el suelo que tenemos es apto o no para las plantas, y uno de los componentes del suelo que debemos de analizar es su TEXTURA.

El término «textura» hace referencia a los porcentajes de arenas, limos y arcillas que contiene un suelo, siendo la textura franca (40% de arena, 40% de limo y 20% de arcilla) el ideal para la mayoría de las plantas, por lo que el contenido de este artículo es igualmente válido para el suelo de nuestros cultivos agrícolas.

Con una textura franca las raíces de las plantas cuentan con una serie de ventajas con respecto a otros tipos de texturas, como son:

  • van a tener una gran facilidad de penetración en el suelo
  • van a contar con una buena aireación por su porosidad (no olvidemos que las plantas también respiran a través de sus raíces),
  • van a tener un buen drenaje, evitando de esa manera los encharcamientos,
  • y ayudan a formar un excelente complejo arcillo-húmico, contribuyendo así a una óptima absorción de los elementos minerales (lo trataremos en el Capítulo 4).

 ¿Y cómo podemos saber cuál es la textura de nuestro suelo? De una manera científica se puede conocer a través de un análisis de suelo realizado por un laboratorio oficial (con su correspondiente factura), pero también podemos aproximarnos bastante a la determinación de su textura de una manera “más casera”, pero no por ello menos exacta.

En primer lugar, procedemos en zig-zag a la toma de unas diez muestras del suelo (unos 100 gramos/muestra) a una profundidad de 20 cm (o sea, dentro de la capa arable), eliminando previamente las piedras grandes o la materia orgánica húmeda o seca que haya justo encima de la zona de muestreo.

El total de tierra extraída (un kilogramo) se mezcla entre sí y, tras su homogenización, procederemos a extraer unos 100-300 gramos de ese kilogramo y lo introduciremos en un bote de cristal de unos 500-1.000 ml de capacidad, siendo muy importante que los bordes que continúen con la base de dicho bote formen ángulos rectos, ya que en caso contrario los cálculos matemáticos que posteriormente vamos a realizar quedarán desvirtuados.

Si consideramos que los 100-300 gramos de tierra que están dentro del bote de cristal equivalen a 1/3 en volumen, añadiremos al interior del bote unos 2/3 en volumen de agua. A continuación, cerramos el bote con su tapa y agitamos vigorosamente, tras lo cual dejaremos reposar su contenido durante las próximas 24 horas.

Tras ese reposo observaremos que habrán aparecido tres capas, una inferior de arena, una intermedia de limo y otra más superficial de arcilla, fácilmente distinguibles a simple vista entre sí por sus diferentes tonalidades.

Si procedemos a medir la altura total de la muestra y el grosor de cada capa podremos saber qué porcentajes de arena, limo y arcilla contiene nuestro suelo, veamos un ejemplo práctico:

Altura total de la muestra…………………..: 12 cm

Grosor de la capa de arena…………………: 3,6 cm

Grosor de la capa de limo…………………..: 4,8 cm

Grosor de la capa de arcilla………………..: 3,6 cm

A continuación, y con una simple regla de tres, ya podemos calcular sus porcentajes:

Caso de la capa de arena:

Si 12 cm……. equivale al 100%

3,6 cm………. equivale a X

Por lo que X = (3,6 x 100) / 12 = 30%

Y si repetimos esos cálculos con el limo y la arcilla, comprobaremos que sus porcentajes son, respectivamente, 40% y 30%.

¿Y cómo saber ahora a qué textura se corresponden esos porcentajes?

Pues muy fácil, por medio del Triángulo Textural del USDA

Fuente FAO.org:  https://www.fao.org/fishery/docs/CDrom/FAO_Training/FAO_Training/General/x6706s/x6706s06.htm#56a

Las flechas de color negro nos indican la dirección en la que debemos de trazar las líneas que parten, en este caso, desde el 30% de arena, del 40% del limo y del 30% de arcilla, entrecruzándose las tres líneas en un tipo de suelo denominado “franco arcilloso”…., en la práctica no es una mala textura, ya que se acerca bastante al suelo franco (recordemos, 40% de arena, 40% de limo, 20% de arcilla), por lo que se puede afirmar que, afortunadamente, nuestro suelo va a ser muy apto para instalar nuestros setos e islas de vegetación (¡¡y también lo sería para nuestros cultivos agrícolas!!), no siendo necesario realizar ninguna actuación para su mejora.

¿Y si la textura nos hubiese salido cercano a uno de los tres vértices de dicho Triángulo? En estos casos tendríamos unos suelos calificados como arenosos, limosos o arcillosos, lo que implicaría que, por diferentes motivos, las plantas tendrían serios problemas para crecer, lo que nos obligaría a intervenir para mejorar sus texturas… ¿Qué tenemos un suelo muy arcilloso? Pues la solución sería añadir sus porcentajes de arena…. ¿Y si lo tenemos muy arenoso? Pues su al revés, incorporaríamos tierra que tenga altos contenidos de arcilla.

Lee aquí la presentación de nuestra Guía para la implantación de plantas reservorio en las
explotaciones agrícolas.

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Setos e islas de vegetación para el control biológico (1): Diseño

Antes de plantar las plantas reservorio debemos de tener en cuenta, como mínimo, las siguientes consideraciones si queremos que nuestros setos e islas de vegetación se instalen de forma exitosa, además de que cumplan con sus objetivos esperados:

  • no deben de interferir con los cultivos agrícolas (competencia por abonos, proyección de sombras, etc.),
  • no deben de necesitar ser regados una vez pasados dos años de su plantación,
  • no se deben de instalar (o se deben de arrancar) aquellas plantas que sean reservorios de virus o que atraigan plagas agrícolas,
  • deben de ser permanentes en el tiempo,
  • debemos de preparar el suelo para que su textura y contenido de materia orgánica sea el ideal, además de contener micorrizas y bacterias beneficiosas,
  • deben de soportar las condiciones extremas del clima, especialmente en el verano con sus altas temperaturas y escasez de lluvias,
  • deben de atraer y albergar fauna depredadora de plagas agrícolas,
  • deben de tener una anchura adecuada para que atraigan de forma óptima a esa fauna depredadora y/o parasitoide,
  • deben de fomentar la presencia de insectos polinizadores,
  • deben de impedir el crecimiento de las malas hierbas,
  • se debe de evitar que sean comidos por fauna herbívora,
  • deben de ser un apoyo a las campañas de marketing para la promoción de nuestras frutas y verduras ante el mercado europeo,
  • deben de aportar a las personas un bienestar psicológico,
  • deben de ser un sumidero importante de CO2 atmosférico,
  • deben de contribuir a disminuir la erosión del suelo,
  • deben de ayudar a recargar los acuíferos subterráneos,
  • deben de mejorar la calidad del aire circundante,
  • deben de contribuir a reducir la temperatura ambiental durante el verano,
  • deben de fomentar en sus alrededores la presencia de murciélagos y pájaros insectívoros,
  • deben de tener un mantenimiento fácil
  • ¿y debemos de instalar hoteles de insectos?

En los siguientes capítulos iremos abordando cada una de dichas consideraciones.

Lee aquí la presentación de nuestra Guía para la implantación de plantas reservorio en las
explotaciones agrícolas.

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Presentación “Portal plantas reservorio” de Nogalnature

Una de las herramientas más eficaces para combatir las plagas agrícolas es el Control
Biológico
, que consiste en utilizar fauna depredadora y parasitoide, así como
determinados microorganismos (bacterias, hongos), para controlar, e incluso erradicar,
determinadas poblaciones de organismos que afectan negativamente a los cultivos
agrícolas, como son los pulgones, la araña roja, la mosca blanca, etc., permitiendo de esta
manera la consecución de unas cosechas libres de residuos químicos. Más información
sobre el Control Biológico en https://www.biosur.es/

Pero para que ese Control Biológico de plagas sea todavía más potente recomendamos
la presencia de plantas reservorio tanto en el interior como en el exterior de las
explotaciones agrícolas
, ya que el conjunto de esas plantas crea un ecosistema que atrae,
y mantiene, diferentes especies de fauna depredadora y parasitoide de plagas (en
definitiva, un “reservorio”, de ahí el nombre de plantas reservorio) en las inmediaciones
de los cultivos.

El propósito de la presente “Guía para la implantación de plantas reservorio en las
explotaciones agrícolas”
es doble, por un lado, ayudar a los agricultores a que la
instalación de sus plantas reservorio culmine con éxito y, por otro lado, contribuir a que
nuestra Agricultura se desarrolle en armonía con el medioambiente de nuestro planeta.

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Buena cotización de la algarroba

La prensa se hace eco de las buenas cotizaciones del fruto del algarrobo y de su semilla, el garrofín. Jacino Sobrino, productor, cuenta su experiencia en esta entrevista del diario El Español: «Hace cuatro o cinco años, la algarroba se pagaba a 20 céntimos el kilo, por lo que no se ponía mucho esmero en recogerla para su venta. A esos precios me convenía más dejarla para el ganado. Sin embargo, ahora su precio está disparado, por encima del euro el kilo. Si nos vamos al precio del kilo de semillas, sin la vaina, se llega a pagar hasta 14 euros«.

Esta rentabilidad confirma la apuesta de Viveros Nogalnature por la producción de plantas de algarrobo injertado. Nogalnature, contigo desde el inicio.

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PARADOX VLACH: Más información de interés

A Paradox se le llama comúnmente “Híbrido” y es producto de un cruzamiento natural entre cualquier especie de nogal negro (J.hindsii, J.microcarpa, etc) y un nogal inglés (J.regia). Los Paradox suelen ser usados como portainjertos para variedades de nogal inglés (Chandler, Serr, Howard,etc). Las principales características que presenta un Paradox son: su vigorosidad, alta eficiencia en producir frutos, resistencia a enfermedades, alta compatibilidad de injertación y transplante, y, por último, elevadas tasas de adaptación a distintas condiciones de suelos.

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